Paseando sobre el Mar Báltico


En el Mar Báltico, el hielo cubre una superficie de unos 170000 km² aproximadamente, lo que representa más o menos el 40% de su superficie total. En Noviembre y Diciembre es cuando se empieza a congelar el agua que baña la costa de las partes interiores del Golfo de Botnia (donde estoy yo) y del Golfo de Finlandia (al sur de Finlandia y norte de Estonia). Más tarde, en Enero y principios de Febrero se empiezan a congelar más partes de mar abierto.

El pasado 20 de Marzo, yo y dos de mis amigas decidimos ir a caminar sobre el hielo. Empezamos a caminar en línea recta y cuando nos dimos cuenta estábamos más cerca de la otra orilla que de nuestro punto de partida, y decidimos continuar caminando a ver qué nos encontrábamos.

Tengo que decir que no es la primera vez que disfruto de un paseo sobre el mar congelado aquí en Finlandia, pero sí es la primera vez que cruzo de una orilla a la otra de la ría. Como podéis ver en la imagen de la derecha, fuimos desde Vaasa (puntito verde) a Korsholm (puntito rojo) caminando sobre el mar. Fueron unos 8km y tardamos dos horas aproximadamente (ida y vuelta).

De camino nos cruzamos con gente paseando con sus perros y esquiando (cross-country ski) snowmobiles (motonieves), quads, pescadores (ice-fishing), e incluso un coche! Cuando llevábamos recorridos unos dos quilómetros, encontramos un agujero en el hielo de un pescador y mi amiga Julia introdujo su brazo para comprobar el espesor del hielo y ni siquiera fue capaz de tocar el final del hielo, por lo que calculamos que el espesor del hielo podría ser de al rededor 70cm.

Cuando llegamos a la otra orilla estuvimos paseando y nos encontramos un mini puerto súper bonito con una especie de cabaña con un lugar para hacer una hoguera. Nos gustó tanto que decidimos volver al día siguiente con más amigos para desayunar algo juntos en la cabañita.

El día siguiente (21 de marzo), volvimos a cruzar la ría caminando pero esta vez fuimos mucho más preparadas, con mantitas y comida para desayunar. Al llegar a la cabañita, pensábamos que sería fácil pero hacía mucho viento y nos costó bastante encender el fuego. Una vez que lo conseguimos, comenzamos a calentar la leche, a quemar las nubecitas y… ¡a comer!

Fue una experiencia increíble. Hacía mucho frío y no pude sacar muchas fotos, pero aquí tenéis unas pocas fotos de la aventura, espero que os gusten 🙂

Y algunas otras sacadas con el móvil…

Y un TikTok de resumen de la aventura

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